INTRODUCCIÓN
A lo largo de las dos últimas décadas
la sociedad en la que vivimos ha sufrido,
de forma muy rápida, una serie de transformaciones
que afectan a todas las esferas de la misma
(relación con el medio ambiente, relaciones
sociales, personales, intersexuales, mentalidad,
creencias, valores, etc.) hasta configurar
un nuevo escenario donde se representa la
vida.
La educación puede entenderse como
el proceso de transmitir el bagaje cultural
de una comunidad o grupo social para perpetuar
su propia existencia y su continuo desarrollo,
mediante el desarrollo y perfeccionamiento
de las facultades intelectuales y morales
con el fin de «crear» individuos
útiles para esa sociedad. Como búsqueda
de un equilibrio armónico entre la
formación racional de las personas
y el cultivo de su sensibilidad, no puede
sustraerse de la realidad o contexto de la
sociedad o comunidad implicada en el proceso.
La educación médica continuada
(EMC) incluye todas las actividades que contribuyen
a la adquisición mantenida de conocimientos,
habilidades y actitudes a partir del momento
en que finaliza la formación de posgrado
y a lo largo de toda la vida profesional.
La expresión «desarrollo profesional
continuado» (DPC) añade al concepto
de EMC la consideración del contexto
multidisciplinario en el que se realiza la
atención al paciente, que incluye,
además de habilidades clínicas,
otras como las de comunicación, de
trabajo en equipo, etc. Así considerada,
forma parte de una estrategia de mejora continua
de la calidad, necesaria en toda organización
sanitaria
La sanidad y, por tanto, la medicina deberán
regirse por el contexto social, en el espacio
y en el tiempo, en el que se va a realizar;
por ello no puede vivir de espaldas a los
cambios sociales, culturales, tecnológicos,
etc., que afectan a esta sociedad o comunidad,
lo que exige una flexibilidad y adaptación
a los mismos.
Por tanto, la formación continuada
deberá favorecer la adaptación
del profesional a los cambios socioeconómicos
y culturales que se producen en el entorno
del profesional. La sociedad actual exige
y perfila un médico con un papel distinto
del desempeñado hasta ahora; podríamos
decir que se pasa de un papel «paternalista»,
con una justificación vocacional, a
un profesional sanitario o trabajador de la
salud, lo que implica un cambio radical que
afecta a todas las esferas de la medicina
y un médico totalmente distinto.
En todo momento debemos tener presente dónde
estamos y cuál es nuestra realidad
desde una perspectiva terrestre, occidental,
europea, española, de comunidad autónoma
y municipal, ya que cada una de ellas marcará
en mayor o menor medida la realidad de esta
comunidad. Asimismo cada profesional deberá
analizar la situación o contexto de
cada paciente, que viene determinado por su
realidad individual, familiar, social y ambiental,
conjugado con factores socioeconómicos
y culturales que lo convierten en un ser humano
único y especial.
Este contexto social va a exigir, por un lado,
que exista una homologación en la formación
de los profesionales, independientemente del
lugar de origen, tanto en valores ético-
morales como en conocimientos y capacidades,
y por otro lado, exige también una
formación en los valores culturales
propios e identificativos de la sociedad a
la que pertenece y el respeto por otros diferentes
de los suyos. Podríamos decir que este
contexto social es realmente el gran reto
que tiene la medicina, y muy especialmente
la atención primaria, hoy día.
Por tanto, el objetivo de la EMC es facilitar
el desarrollo profesional de los médicos,
de forma que estén en situación
de responder adecuadamente a las necesidades
de salud de la población, empleando
las tecnologías existentes y, por consiguiente,
prestando una asistencia de calidad creciente.
Su planificación debe basarse en la
identificación de las necesidades docentes
(individuales, de la organización y
de la sociedad), y resulta crucial quién
define estas necesidades y cómo se
hace.
Considerando lo señalado anteriormente,
la acreditación debe:
- Establecer garantías acerca de
la existencia de unos mínimos requerimientos
formales en el planteamiento de cualquier
actividad de EMC (objetivos, metodología,
forma de evaluación, recursos disponibles,
entre otros).
- Realizar una valoración que contemple
elementos como
la calidad de la actividad o su adecuación
a las necesidades identificadas, de forma
que se posibilite una discriminación
en la oferta formativa contribuyendo a
una mejora continua de la calidad de la
misma.
- Puede y debe constituir el mecanismo
indispensable para regular una oferta
formativa creciente y de muy heterogéneas
características.
SaAP: METODOLOGÍA DE TRABAJO
El Sistema de Acreditación en Atención
Primaria (SaAP) está constituido por
las sociedades científico-profesionales
de atención primaria: semFYC y SEMERGEN.
Su objetivo es acreditar aquellas actividades
de formación continuada dirigidas a
mantener y mejorar la competencia profesional
del médico de atención primaria.
Secundariamente, son también objetivos
del SaAP: promover la mejora de calidad de
la formación continuada y establecer,
mediante la investigación de resultados,
criterios contrastados de calidad de la actividad
acreditadora, entre otros. Desde 1996, año
de su constitución, ha consolidado
una estructura y metodología de trabajo
que se esquematiza en la figura 1. Los resultados
de esta actividad son los que se presentan
resumidos en las figuras 2 y 3.
Si, como hemos señalado, el objetivo
de la acreditación es identificar aquellas
actividades de mayor calidad y pertinencia,
los criterios de acreditación deben
incluir elementos cualitativos de calidad,
como son los siguientes:
- Existencia de objetivos docentes explícitos.
- Metodología docente adecuada
a los objetivos propuestos, considerando
la evidencia disponible.
- Pertinencia de la actividad respecto
al perfil del profesional al que se dirige.
- Adecuación de los mecanismos
de evaluación docente previstos.
Otro elemento esencial es la forma de aplicación
de estos criterios. Debe realizarse de manera
que se garantice la valoración anónima
y argumentada, de acuerdo con las bases
de aplicación de cada criterio. Este
último aspecto va encaminado a moderar
la subjetividad que, en mayor o menor medida,
comporta esta actividad, potenciando así
su reproducibilidad y, en último
término, la estabilidad de la valoración.
La evaluación por pares facilita
esta valoración cualitativa y, en
este sentido, las asociaciones profesionales
son el entorno adecuado para realizarla.
Por su propia naturaleza y objetivos se
constituyen en eje de la actividad científica
de las respectivas áreas de conocimiento;
reúnen en su seno a los profesionales
más cualificados de cada área;
son un foro de reflexión donde se
recogen las necesidades de desarrollo profesional
y se proponen estrategias de mejora de la
competencia en cada área. En suma,
constituyen un entorno de reflexión-acción
muy adecuado para la aplicación y
desarrollo de la acreditación de
la EMC.
La Comisión Técnica del SaAP
realiza esta evaluación por pares
como metodología de trabajo habitual.
Las discrepancias en la valoración
que se producen entre los evaluadores se
abordan mediante discusión y consenso,
bien a través de comunicación
electrónica o en las reuniones periódicas
de la Comisión.
Para garantizar la calidad de la actividad
acreditadora, es imprescindible una formación
previa respecto a los objetivos y metodología
de evaluación en el sentido antes
señalado. Esta formación,
así como el periódico contraste
entre evaluadores
en la forma de aplicación de los
criterios (audit de concordancia en la aplicación
de criterios), dota a los sistemas de acreditación
de solidez en cuanto a homogeneidad de criterio
y enriquecimiento en la aplicación
de soluciones, en un entorno siempre cambiante
(la aplicación de las nuevas tecnologías
de comunicación a la EMC, etc.).
El SaAP realiza cursos de formación
de evaluadores en los que se entrena a los
profesionales interesados en los criterios
de valoración y la metodología
de aplicación de los mismos.
La validez de la acreditación queda,
cuando menos, cuestionada si no se analiza
la concordancia entre lo acreditado y lo
realizado. Como fuentes de falta de concordancia
pueden identificarse dos grupos de causas:
cambios introducidos por el proveedor en
la actividad ya acreditada (no hay que olvidar
que el proceso acreditador produce una adaptación
de las solicitudes al planteamiento del
sistema de acreditación), o inadecuación
en los criterios empleados en la valoración.
Este aspecto quizá sea el área
que debe recibir mayor atención y,
por consiguiente, recursos tanto materiales
como humanos, ya que consideramos que constituye
un proceso de mejora continua de calidad,
una de las principales responsabilidades
de las organizaciones acreditadoras.
Para la imprescindible evaluación
de la concordancia entre «lo acreditado»
y «lo realizado», las encuestas
a los alumnos pueden ser una fórmula
de fácil aplicación que proporcione
información al respecto. La auditoría
de presencia física parece el referente
deseable, limitado por aspectos de coste
y viabilidad que impiden su generalización.
Entre ambas opciones existe un abanico de
posibilidades cuya adecuación depende
en gran parte del tipo de actividad a valorar.
En las actividades de mayor impacto, por
su amplia cobertura, duración o trascendencia
del tema, esta valoración debería
realizarse sistemáticamente.
El SaAP realiza auditorías de presencia
física, especialmente en las actividades
que por sus características o dificultad
así lo requieren. Se han utilizado
otras formas de audit, entre las que podemos
señalar la encuesta telefónica
a los alumnos de la actividad desde el propio
SaAP. En todas las actividades se exige
siempre el informe de resultados de la encuesta
de satisfacción de los alumnos, que
el organizador debe enviar para recibir
los correspondientes certificados SaAP.
CRITERIOS DE
ACREDITACIÓN DEL SaAP: CONCEPTO Y
SU APLICACIÓN
Las características que son evaluadas
en las actividades de formación que
optan a la acreditación SaAP son
las siguientes:
- Relación
con el perfil profesional. Indica
la idoneidad y pertinencia de la actividad.
Se valoran tanto los temas que
supongan una innovación de conocimientos
en el campo de atención primaria
como aquellos que aborden áreas
de impacto por su relevancia o prevalencia.
- Objetivos docentes
claros y concretos. Es el resultado
buscado, aquello que se espera que los
alumnos sean capaces de
realizar al finalizar el período
de formación. Desarrollado tanto
en objetivo general como en objetivos
específicos, siempre desde una
consideración docente.
- Contenidos teóricos
y prácticos, adecuados a los objetivos
planteados en la actividad. Se
considera que toda actividad formación
continuada dirigida al clínico
de atención primaria debe tener
un contenido práctico que, con
diferentes técnicas (discusión
de casos, rolplay, ejercicios con simulador,
etc.) según el tema y objetivos,
modifique no sólo conocimientos,
sino también habilidades y actitudes
el discente.
- Metodología
docente adecuada a la actividad y a los
objetivos planteados. Debe permitir
al alumno participar e indicar al docente
de qué forma se van adquiriendo
los conocimientos y habilidades planteados.
- Número
de alumnos acorde con los objetivos que
se pretenden conseguir y la metodología
empleada. Es evidente que este
aspecto puede comprometer la calidad de
una actividad, por otra parte excelente,
ya que suele ser inversamente proporcional
a la posibilidad de participación
activa de los alumnos en el aprendizaje.
- Profesorado
con conocimientos,
preparación y capacidad docente
adecuada al tipo de actividad y orientada
al trabajo en atención primaria.
Se evalúa la idoneidad de
los docentes para la actividad propuesta,
siempre desde un punto de vista únicamente
docente. Es de importancia que al menos
un médico de atención primaria
participe en la organización y
en la orientación de los contenidos,
desarrollo, etc. a las necesidades de
este ámbito.
- Duración
en horas lectivas, que permitan
lograr los objetivos planteados, incluyendo
la adquisición de habilidades.
- Evaluación
de docentes por parte de los alumnos.
El nivel mínimo incluye una encuesta
de satisfacción, de forma global
y en relación con el programa desarrollado,
cumplimiento de objetivos, logística,
etc. Consideramos imprescindible este
aspecto en toda actividad de formación.
Después de la experiencia obtenida
en los 6 años de trabajo del SaAP,
disponemos de una encuesta de satisfacción
que se ofrece a los organizadores de actividades.
- Evaluación
de los alumnos. En actividades
presenciales el nivel mínimo se
limita a considerar el porcentaje de asistencia;
otras formas de evaluación van
desde un test que mida los conocimientos
y habilidades alcanzados hasta la realización
de pretestpostest que objetive los cambios
obtenidos. En actividades a distancia
el nivel mínimo incluye la realización
de los ejercicios/tests planteados durante
al final de la misma. En todo caso, debe
estar fijado el punto de corte que se
considerará necesario conseguir
para considerar alcanzados los objetivos
docentes.
- Accesibilidad.
Para realizar la actividad docente se
valoran ámbito geográfico,
número de participantes, selección
de los participantes, cuota de inscripción
y horario. Éste es un criterio
que, a diferencia de los anteriores, sirve
para caracterizar la actividad sin suponer
una valoración cualitativa de calidad.
Existen criterios, considerados básicos,
que deben cumplirse en toda actividad acreditada:
objetivos docentes, relación con
el perfil profesional, evaluación
de docentes y discentes, contenidos teóricos
y prácticos adecuados, metodología
adecuada, profesorado. En otros se establecen
gradaciones: accesibilidad, duración
en horas lectivas, número de alumnos.
A continuación se desarrolla cada
uno de los criterios técnicos que
el SaAP emplea en la valoración de
las actividades de formación continuada
con el objetivo de evaluar su calidad y
adecuación al mantenimiento y mejora
de la competencia profesional del médico
de familia. Nuestro objetivo es facilitar,
a través de un mejor conocimiento
del sistema, la elaboración de propuestas
de formación continuada de elevada
calidad, minimizando los rechazos y demoras
producidos por falta de la necesaria información
para una valoración adecuada de su
calidad.
RELACIÓN
CON EL PERFIL PROFESIONAL
Se entiende por médico de familia,
según la definición de la
Organización Mundial de Médicos
de Familia (WONCA): «El profesional
que, ante todo, es responsable de proporcionar
atención integral y continuada a
todo individuo que solicite asistencia médica
y puede implicar para ello a otros profesionales
de la salud, que prestarán sus servicios
cuando sea necesario.
»Es un generalista en tanto que acepta
a toda persona que solicita atención,
al contrario que otros profesionales o especialistas,
que limitan la accesibilidad de sus servicios
según la edad, sexo y/o diagnóstico
de los pacientes.
»Atiende al individuo en el contexto
de la familia, y a la familia en el contexto
de la comunidad de la que forma parte, sin
tener en cuenta la raza, religión,
cultura o clase social. Es competente clínicamente
para proporcionar la mayor parte de la atención
que necesite el individuo, después
de considerar su situación cultural,
socioeconómica y psicológica.
En definitiva, se responsabiliza personalmente
de prestar una atención integral
y continuada a sus pacientes.
»Ejerce su rol profesional proporcionando
atención directamente o a través
de los servicios de otros profesionales
en función de las necesidades de
salud y de los recursos disponibles en la
comunidad en la que trabaja».
Con esta concepción como punto de
partida, entendemos por perfil profesional
el conjunto de atributos que debe reunir
el médico de familia para poder ser
considerado por la sociedad y el entorno
profesional como competente en el desempeño
de su labor profesional. Este perfil está
basado en la definición del médico
de familia y tiene un necesario carácter
flexible, ya que las necesidades de salud
de la población son cambiantes y,
por tanto, las competencias del médico
de familia deben ser redefinidas en función
de dichas necesidades.
Este carácter requiere una revisión
de los contenidos, tecnologías emergentes
y modelos organizativos respecto a los cuales
el profesional debe adquirir y mantener
su competencia profesional.
Antecedentes del perfil profesional del
médico de familia se pueden encontrar
en numerosas publicaciones de autores que,
a lo largo de los últimos 40 años,
han trabajado en la definición del
papel del médico de familia. En nuestro
país, la Comisión Nacional
de la Especialidad de Medicina de Familia
y Comunitaria, a través del programa
docente de la especialidad, ha profundizado
en los contenidos docentes que han de proporcionarse
al médico en formación, desarrollando
muchos de los aspectos contenidos en el
perfil profesional.
En todo sistema de acreditación de
calidad de las actividades de formación
continuada, la valoración de la adecuación
al perfil profesional constituye la piedra
angular del mismo, ya que permite asegurar
su orientación al mantenimiento y
mejora de la competencia profesional. Aquellas
actividades que no se adecuen al mismo no
son en ningún caso susceptibles de
acreditación.
La adecuación al perfil profesional
se valorará tomando como referencia
las 6 grandes áreas de práctica
profesional del médico de familia29,
que son las siguientes:
- Área
de atención al individuo.
Se entienden relacionados con esta área
todos aquellos conocimientos, habilidades
y actitudes que proporcionen sólida
formación clínica que permita
al profesional prestar una atención
al individuo efectiva y eficiente, y en
la cual la relación médico-paciente
ocupa un lugar privilegiado en la práctica
diaria. Es decir, las actividades encaminadas
a proporcionar una adecuada formación
cientificotécnica.
- Área
de atención a la familia.
En esta área se encuadran los conocimientos,
habilidades y actitudes que permiten al
médico de familia ser competente
en el reconocimiento de la importancia
de la familia en el nivel de salud de
los individuos, la identificación
del ciclo vital, sus cambios y la presencia
de alteraciones que requieran una atención
especializada.
- Área
de atención a la comunidad.
Esta área incluye los conocimientos,
habilidades y actitudes que el médico
de familia necesita para ser competente
en la orientación comunitaria de
su trabajo, identificando las necesidades
de la comunidad así como utilizando
los recursos que ésta tiene para
conseguir mejores resultados de salud.
- Área
de docencia e investigación.
En esta área se incluyen los conocimientos,
habilidades y actitudes que el médico
de familia competente debe tener para
identificar, interpretar y aplicar a la
práctica clínica aquellos
resultados de investigación pertinentes
con las necesidades de salud de la población
que atiende y los recursos de los que
dispone. El planteamiento adecuado y la
realización metodológicamente
correcta de trabajos de investigación
original también están incluidos
en este apartado.
Por otro lado, se incluyen aquí
los conocimientos, habilidades y actitudes
para ser competente en las tareas docentes
que su labor requiera (en pregrado, posgrado
o formación continuada respecto
a sus pares o a otros profesionales).
- Área
de apoyo, en la que se incluyen
los conocimientos, habilidades y actitudes
que permiten al médico de familia
ser competente en las siguientes subáreas:
a) trabajo en equipo;
b) gestión de recursos y administración
sanitaria;
c) sistemas de registro e información
sanitaria, y
d) garantía de calidad.
La hemos considerado con esta denominación,
área de apoyo, por tratarse de
aspectos que van a resultar imprescindibles
para el desempeño de las cuatro
áreas anteriores.
Por las razones señaladas anteriormente,
la adecuación al perfil profesional
se considera un criterio básico en
relación con los objetivos de las
actividades que se consideran formación
continuada. La falta de relación
con el perfil profesional de una actividad
impide la valoración de la actividad
por el SaAP, ya que no estaríamos
ante una acción encaminada a mejorar
la competencia profesional del médico
de atención primaria.
Así considerada, el criterio empleado
por los evaluadores tiene por objetivo valorar
si la consecución de los objetivos
docentes supone una mejora de la competencia
del médico de familia, en una o varias
de las 5 áreas señaladas.
En caso afirmativo, se realiza una estimación
en una escala ordinal creciente de gradación
de esta relación al perfil profesional.
En esta valoración se incorporan
diversos elementos de reflexión:
impacto de los aspectos abordados sobre
la salud de la población (p. ej.,
abordaje del paciente con demencia); innovación,
sobre todo en cuanto a incorporación
de habilidades o tecnologías que
potencialmente supongan una mayor calidad
en la atención prestada (p. ej.,
formación en cirugía menor);
horizontalidad de los conocimientos/ habilidades
hacia cuya mejora se orienta la actividad
(p. ej., habilidades de comunicación
médico-paciente). Como ya señalábamos
en la introducción, la valoración
se realiza en el contexto de los profesionales
a los que va dirigida la actividad que puede
condicionar prioridades de formación
diferentes entre distintos ámbitos.
La continua y deseable evolución
del conocimiento supone para el profesional
la necesidad de incorporar nuevas habilidades
que le permitan afrontar las demandas cambiantes
de la población. En los últimos
años, las tecnologías de comunicación
y la informática han irrumpido con
fuerza en el ámbito sanitario. La
formación continuada en estos aspectos
novedosos con aplicaciones específicas
requiere una base de conocimientos y habilidades
que el profesional no siempre tiene.
En esta situación nos encontramos
con actividades de formación básica
que, aunque necesarias para abordar otras,
no pueden considerarse relacionadas con
el perfil profesional.
Nos referimos, por ejemplo, a cursos básicos
de informática que abordan conocimientos
y habilidades sobre programas básicos
(procesador de texto, hojas de cálculo,
etc.), a diferencia de aquellos que tienen
como objetivo capacitar al profesional en
el uso de aplicaciones dirigidas al apoyo
de su actividad clínica, docente
o investigadora (programas de historia clínica
informatizada, búsqueda bibliográfica
en medicina, búsqueda y utilización
de recursos sanitarios en Internet, etc.).
En este segundo caso, la consecución
de los objetivos docentes supone una mejora
en la competencia profesional que en el
primer caso no puede asumirse como resultado
de la actividad planteada.
Por esta razón, las actividades docentes
sobre nuevas tecnologías se consideran
relacionadas con el perfil profesional cuando
sus objetivos docentes se encaminan a capacitar
al médico de familia en alguna de
las áreas de su perfil profesional
ya señaladas.
OBJETIVOS EDUCATIVOS
Definición
En el contexto del proceso de enseñanza-aprendizaje
los objetivos educativos son objetivos de
aprendizaje, por lo cual se refieren a los
conocimientos, habilidades y actitudes que
los alumnos son capaces de realizar tras
un período de formación y
que no eran capaces de llevar a cabo antes.
Define lo que el alumno debe ser capaz de
hacer, no lo que el profesor tiene que enseñar.
Es el resultado buscado, no la descripción
o el resumen de un programa.
Datos básicos
necesarios para la elaboración de
objetivos educativos
Los objetivos educativos son un medio y
no un fin en sí mismos. Por tanto,
la cualidad principal de estos objetivos
es su pertinencia, es decir, la correlación
entre ellos y los problemas de salud de
la población. Así, la formulación
de estos objetivos debe tener en cuenta
los siguientes datos:
- Las necesidades, demandas y recursos
sanitarios de la sociedad.
- Los servicios que hay que prestara los
pacientes.
- Los servicios que hay que prestar a
la comunidad.
- La profesión en sí misma.
- El progreso científico.
- El método científico.
Tipos de objetivos
educativos
- Objetivos generales.
Corresponden a las funciones del personal
a formar.
- Objetivos intermedios.
Se obtienen de las actividades a desarrollar
por los profesionales.
- Objetivos específicos.
Se derivan de las tareas profesionales
concretas cuya consecución es observable
y medible según un criterio definido.
La separación de objetivos intermedios
y específicos puede presentar dificultades,
puesto que según el contexto un objetivo
puede ser intermedio o específico,
por tanto su enunciado puede ser conjunto.
Cualidades
de los objetivos educativos específicos
- Pertinentes,
de acuerdo con los fines que hay que alcanzar.
- Precisos.
Deben indicar exactamente y en términos
concretos lo que el alumno debe hacer
para demostrar qué «sabe»,
qué «comprende» o qué
«sabe hacer».
- Comprensibles.
Deben ser fáciles de entender.
- Realizables.
Es esencial que los alumnos puedan llevarlos
a cabo con los medios de que disponen
y en las situaciones en que se encuentran.
- Observables.
para determinar si se han alcanzado.
- Medibles,
ya que facilita la elección de
un método válido de evaluación
e indica un nivel aceptable de aprendizaje.
Elementos de un objetivo
educativo específico
- Acto:
descripción de una tarea bajo la
forma de un verbo
activo.
- Contenido:
precisa la materia, el tema, el asunto
correspondiente
al acto a realizar.
- Condición:
descripción de la situación
en que el acto debe
producirse (datos, restricciones y limitaciones).
- Criterio:
definición del nivel aceptable
de actuación que
debe alcanzar el alumno.
Objetivos educativos
específicos
Los objetivos educativos específicos
describen las tareas profesionales, y se
enuncian mediante un verbo en infinitivo.
Estas tareas se pueden descomponer en tres
campos: de conocimientos, de actitudes y
de habilidades.
- Campo del conocimiento
o actividad intelectual. Son los
hechos, conceptos y principios. Los verbos
más utilizados para enunciarlos
son: conocer, definir, citar, nombrar.
El primer nivel es el de recuerdo, que
implica únicamente la capacidad
de recordar datos, procesos, métodos,
etc. Trabajafundamentalmente la memoria.
El segundo nivel lo constituye la interpretación
de los datos, que requiere una actividad
intelectual más compleja para abordar
una situación o un fenómeno
nuevo.
El tercer nivel corresponde a la solución
de problemas. Consiste en aplicar el principio
de transferencia para encontrar la mejor
solución posible a un problema
surgido de situaciones nuevas.
- Campo de las
actitudes o capacidad de comunicación.
Una actitud es una disposición
de los sentimientos relativamente constante
hacia alguien o hacia alguna cosa. Esta
disposición se manifiesta en la
conducta frente a personas, sucesos, opiniones
o teorías.
Para enunciarlos, los verbos más
utilizados son: valorar, apreciar, tolerar,
preocuparse por, ser consciente de.
El primer nivel es el de receptividad,
que implica una sensibilidad con respecto
a la existencia de un fenómeno
y la disposición a recibir.
El segundo nivel corresponde al de respuesta,
que implica estar lo suficientemente interesado
por el fenómeno ocurrido para tomar
la decisión de ocuparse de él.
El tercer nivel corresponde a la interiorización,
que implica que la percepción de
los fenómenos ha formado parte
de los valores de la persona y ello le
permite adoptar una actitud de manera
automática.
- Campo de las
habilidades prácticas. Se
trata del conjunto de actos que hacen
efectiva una tarea. Implica tanto una
acción manual como de comunicación
verbal o no verbal. Para enunciarlos,
los verbos más utilizados son:
hacer, realizar, aplicar, probar, construir,
planificar.
El primer nivel es el de imitación.
El alumno lo repite hasta que es capaz
de realizarlo.
El segundo nivel es el de control. El
alumno es capaz de realizar un acto siguiendo
instrucciones y no solamente sobre la
base de la observación.
El tercer nivel es el del automatismo.
Los movimientos se realizan de manera
automática sin plantearse los pasos
a seguir.
Ejemplo: en un curso sobre vendajes funcionales
uno de los objetivos educativos específicos
se podría enunciar de la siguiente
forma: «Realizar un vendaje funcional
con el material apropiado en el tobillo
de otro alumno para tratar un esguince
de tobillo».
Acto: realizar un vendaje funcional.
Contenido: un vendaje funcional para un
esguince de tobillo.
Condición: con el material adecuado
en el tobillo de otro alumno.
Criterio: el vendaje tiene que cumplir
los criterios que se hayan hecho explícitos
en el curso. La tarea corresponde al campo
de las habilidades prácticas.
Como conclusión queremos señalar
que los objetivos docentes constituyen
la base sobre la que debe articularse
la actividad de formación. La importancia
de su calidad, concreción, pertinencia
y adecuación a las necesidades
del colectivo profesional estriba en que
estos aspectos determinan el desarrollo
posterior de la misma. La valoración
de estas características sigue
los principios aquí señalados.
Creemos que el rigor de esta valoración
responde al compromiso ético que
el SaAP adquiere con los potenciales alumnos
de las actividades acreditadas.
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